“Compré la más económica y en Cúcuta” – Frontera Plus

“Compré la más económica y en Cúcuta”

Los pocos comercios dedicados a vender pintura en la frontera tienen sus precios en pesos. Un galón tipo A, por ejemplo, no se baja de 50.000 pesos, mientras que el tipo B oscila entre 25.000 y 30.000 pesos


Por Jonathan Maldonado

Desde el mes de octubre y hasta diciembre, era común ver a los habitantes de la frontera planificar el arreglo de su hogar, el cual abarcaba, en muchas ocasiones, pintar la fachada y el interior de la casa. En los últimos años, frente a la pérdida del poder adquisitivo, esa opción ha quedado relegada o en el olvido. Algunos — muy pocos –, en el afán de no permitir que desaparezca la tradición, han hecho un gran esfuerzo económico por mantenerla.

La última vez que María Luisa Moreno Santander, de 64 años, pintó la fachada de su casa, fue hace dos años. “Este año, aunque queremos, no vamos a poder, pues el dinero no alcanza para la pintura; todo está muy costoso”, argumentó la dama mientras viajaba, con su memoria, a varios años atrás, cuando las familias apartaban parte de sus aguinaldos para pintar la casa.

“Si tenemos para pintar, no tenemos para la comida. Estas tradiciones se están muriendo lentamente, todo se va acabando”, prosiguió Moreno, al tiempo que manifestó su gran preocupación por los tiempos que se viven. “Uno estaba acostumbrado a estas tradiciones, incluso, uno hasta renovaba los adornos de la casa”, subrayó la residente del barrio Miranda.

En San Antonio, la variedad de colores no es amplia.

Lamentó que en la frontera solo circule el peso colombiano, moneda que, desde su perspectiva, ha sido oficializada por el propio ciudadano. “Aquí, en San Antonio del Táchira, el bolívar se extinguió, no lo hemos vuelto a ver”, resaltó quien trabaja los domingos en la venta de comida, un negocio familiar que decayó enormemente por la pandemia.

“Lo que logramos ganar es para sobrevivir”, dijo la sexagenaria, para luego dejar claro que el interior de su casa tiene un año más que la fachada sin recibir un retoque: “son tres años y, realmente, no sabría decirle cuándo se podrá pintar de nuevo, pues si lo vemos por el panorama actual, se hace cuesta arriba”.

Moreno, aunque no podrá pintar, sí adornará con lo que ha conservado de años atrás. “Ya no se puede estar comprando nuevos adornos. Tenemos que montar la Navidad con lo que tenemos”, remarcó quien se levanta a la 1:00 a.m. los domingos para hacerle frente a su negocio.

Más de un lustro sin pintar su fachada

Ludovina Ortigosa, de 65 años, es habitante del barrio Simón Bolívar, en la ciudad de San Antonio del Táchira. De acuerdo con su cuenta, lleva más de un lustro sin poder pintar la fachada de su casa, donde vive con su hermana, otra dama de la tercera edad. “Lo que yo recibo es en bolívares, por tanto es imposible comprar un galón de pintura”, agregó.

Ortigosa, mientras hablaba, daba la sensación de que su mente viajaba al pasado. “Antes, cuando el dinero rendía, uno conseguía comprar la pintura y darse ese gusto. En estos momentos todo es en pesos y yo gano en bolívares”, indicó quien tiene parientes viviendo en el vecino país. “A veces me envían alguito. A ellos también se les complica, ya que tienen sus gastos”, acotó.

Lo que sí hace la dama constantemente, junto a su hermana, es limpiar su frente. “Eso no nos cuesta nada, solo la voluntad de hacerlo de manera frecuente y, gracias a Dios, aún tenemos fuerza y vida para hacer esta tarea”, señaló mientras reflexionada ante el lóbrego escenario: “hay que saber llevar la vida para no estresarnos”.

“Compré la más económica y en Cúcuta”

Cruz Margarita Rojas, de 75 años, ha residido toda su vida en el barrio fronterizo de Curazao. La casa donde habita, junto a su hija y dos nietos, es la herencia de sus padres. Frente al deterioro que venían registrando las paredes de la estructura, decidió hacer el gran esfuerzo para comprar los primeros dos galones, de color blanco, en la ciudad de Cúcuta.

“Con los carros que cuido, iba sacando algo del dinero que destinamos para la comida, hasta que llegué a los 30.000 pesos”, detalló quien se inclinó por una marca poco conocida y a un precio más accesible: “los dos galones salieron en 28.000 pesos”, puntualizó.

Cruz Margarita Rojas, de 75 años.

Su hija, quien los fines de semana suele cruzar las trochas para cumplir con su trabajo en Villa del Rosario, Colombia (atiende una tienda), fue quien se encargó de hacer la compra. El hecho de que su única hija también esté trabajando, alivió un poco su bolsillo, dándole la oportunidad de ir ahorrando algunos pesos para la pintura.

“Para pintar la casa, como mínimo, se van cuatro galones más, que iremos comprando en la medida de nuestras posibilidades. Pintaremos hasta donde nos alcance”, aseguró para luego hacer énfasis en el gran esfuerzo que están haciendo. “La pandemia nos ha pegado muy duro”, agregó quien vislumbra el futuro cercano algo grisáceo.

“Me quedó pintura del año pasado”

Yaneth Oviedo, de 33 años, retoca por estos días la fachada de su casa, ubicada en el barrio Simón Bolívar, en San Antonio del Táchira, gracias a la pintura que le sobró del año pasado. “Solo me alcanza para el frente de la casa, mas no para el interior”, refirió la joven desde la puerta de su hogar

“Comprarla en estos momentos es prácticamente imposible, está muy cara. Solo voy a retocar la fachada. Pregunté y los precios son muy altos. Acá llevo viviendo toda la vida”, reiteró la dama mientras lamentaba el escenario que se percibe para diciembre: “todo está muy apagado”.

“Acá vivimos tres personas. Lo que hago en mi trabajo me alcanza para nada. Las señoras del frente me dicen que ya no es lo mismo”, remató quien aspira al reimpulso de la frontera para que vuelva a ser la más viva de Latinoamérica.