De la venta de gasolina “colombiche” viven decenas de familias fronterizas – Frontera Plus

De la venta de gasolina “colombiche” viven decenas de familias fronterizas

El embudo en la mano del ciudadano es una muestra para saber de qué va su tarantín.


Por Jonathan Maldonado

La venta de gasolina en San Antonio del Táchira dejó de ser clandestina. A toda hora, y en las principales vías del municipio Bolívar, los conductores se topan con estos puestos.

El embudo en la mano del ciudadano es una muestra para saber de qué va su tarantín, así como las botellas de dos y de un litro que exhiben sobre una silla o en la acera.

Muchos conductores prefieren comprar la gasolina colombiana.

En el tramo que va desde El Surtidor y hasta la Redoma del Cementerio, que comprende parte de la avenida Venezuela, se contabilizaron este jueves, en horas del mediodía, más de 20 vendedores de gasolina.

Jairo, como quiso identificarse, vende gasolina en uno de los barrios céntricos del casco central de la jurisdicción fronteriza. «Tengo apenas cuatro meses en esto», subrayó quien siempre fue «enemigo de este tipo de ventas».

«Yo siempre lo vi mal y mire las vueltas que da la vida; me tocó dedicarme ahora a esto», puntualizó el caballero, de 50 años, quien, ante las pocas alternativas que hay en la frontera, no tuvo más opción.

Al lugar de trabajo, llega a las  7:00 a.m. y se va retirando a las 7:00 p.m. Son 12 horas que le invierte a una jornada en la que mientras más litros del carburante venda, más ganancias logra en la semana.

«Al día me dejan 40 litros de gasolina, pero solo se alcanzan a vender de 20 a 25 litros», apuntó, al tiempo que indicaba que, cuando el puente internacional Simón Bolívar estuvo cerrado, solía vender la cantidad que le dejaban, e incluso más.

«Hubo días buenos, en los que, en un ratico, llegué a vender 120 litros para un camión; pero eso no es lo común», aclaró mientras añadía que solo carburante colombiano.

En la céntrica carrera 8 de San Antonio del Táchira se pudieron divisar ocho vendedores de gasolina. En este oficio, muchos son migrantes internos (personas que se han establecido en la zona tras dejar sus regiones), y otros son hijos de la frontera.

«Yo soy mecánico y trabajo además para una institución que, en la actualidad, está paralizada. No me puedo quedar de brazos cruzados, tengo que llevar la comida a la casa», enfatizó Jairo.

El quincuagenario vive con su esposa y un hijo, aún menor de edad. «La venta de gasolina no la veo como un rebusque, es mi empleo actual, con el que llevo el sustento a mi casa», remarcó durante la entrevista concedida al equipo reporteril de La Nación.

Jairo gana 60 mil pesos a la semana, cifra que puede subir o bajar, dependiendo de los litros que venda de lunes a sábado. «Uno gana para comer. Esto no da para más»,  acotó.

Casi todo el mes suele vender los dos litros en 6.000 pesos; sin embargo, en los últimos días, el precio subió 500 pesos, pues según los bomberos de las estaciones de servicio de Norte de Santander, en esas fechas ofrecen gasolina de reserva, la cual está prohibido comercializarla.

En el tiempo que lleva en este oficio no ha tenido problemas con ningún organismo de seguridad. «En una sola ocasión, un funcionario, me reservo de qué componente, se me acercó y tuve que regalarle dos botellas de gasolina», señaló.

A Jairo le gustaría regresar a su trabajo habitual, a lo que ha hecho por décadas, pero sabe que el actual panorama del país no da para mucho. «No sé hasta cuándo voy a estar en esto», reiteró el ciudadano.

La gasolina entra por Juan Frío

El carburante «colombiche» que el ciudadano comercializa ingresa por la trocha de Juan Frío. Desde ese punto y hasta el lado venezolano, en Llano de Jorge, deben pagar en ciertas «alcabalas».

«Todos comen. Desde el irregular, hasta los uniformados venezolanos y colombianos (Policía y Ejército)», agregó, quien resaltó que por esta ruta es más económico, en comparación con las otras. «Por eso, la mayoría de los que se dedican a distribuirla del lado venezolano la pasan por Juan Frío», dijo.

La vía principal de Llano de Jorge es otro punto donde abundan los vendedores de gasolina. Desde la entrada a la Zona Sur y hasta la primera urbanización, se pueden contabilizar, como mínimo, 20 puestos.

Pocas veces hay problemas para pasar el carburante y se registran, sobre todo, cuando hay fuertes crecidas del río Táchira, lo cual paraliza, en gran medida, el dinamismo en las trochas.

«Al principio, tuve miedo y pena, pues como le dije anteriormente, yo siempre he visto este oficio como algo ilegal, clandestino», manifestó, para luego asegurar que ya lo ha superado.

«Sí hay», rezan muchos letreros en la frontera para dar pie a un oficio ilegal que el propio ciudadano ha humanizado frente a la necesidad que reina en la zona y las pocas oportunidades de empleo formal.