EDICIÓN FRONTERA | Iván, el barbero de la plaza Urdaneta – Frontera Plus

EDICIÓN FRONTERA | Iván, el barbero de la plaza Urdaneta

 En los bolsillos, que le sirven de improvisadas gavetas, guarda las tijeras, brocha, desinfectante y alcohol para una correcta desinfección de las herramientas de trabajo. Usa un tapaboca y guantes especiales, así como la capa que le coloca al cliente para resguardar la ropa.


Por Norma Pérez

 con un chaleco de muchos bolsillos, jeans y un rosario colgado en el cuello, sale todas las mañanas de su casa en Rubio, Iván Álvarez. Lleva un banquito de madera, al que le adaptó relleno para hacerlo más cómodo. Se dirige a su lugar de trabajo, que a diferencia de muchos tiene el cielo y la sombra de los árboles como techo, pues este joven emprendedor se instala a diario en la plaza Urdaneta, frente al mercado Municipal, para ofrecer sus servicios de barbero.

Nativo de La Victoria, estado Aragua, desde muy pequeño se fue a Colombia con su familia, donde se graduó de bachiller y aprendió el oficio que ahora practica. A su regreso a Venezuela se decidió por el municipio Junín, donde ya tiene siete años, con la seguridad que puede seguir adelante con algo que considera clave: Innovar.

Sabe que la situación del país es dura, pero no se amilana. Con un entusiasmo a toda prueba, monta su barbería portátil para los transeúntes que requieran un corte de cabello. En un comienzo, pocos se atrevían porque les daba pena afeitarse en la calle, y apenas uno o dos clientes llegaban al día.

Ahora atiende hasta diez diariamente y sonríe con satisfacción cuando dice que “deben esperar su turno”. Es muy cuidadoso con sus implementos. Tiene una máquina inalámbrica para garantizar el corte completo, pues en algunas peluquerías la suspensión de energía eléctrica ha hecho que alguien se tenga que ir a su casa a medio “peluquear”. La única dificultad que enfrenta son los cambios climáticos, ya que en ocasiones un aguacero le obliga a suspender su actividad.

En los bolsillos, que le sirven de improvisadas gavetas, guarda las tijeras, brocha, desinfectante y alcohol para una correcta desinfección de las herramientas de trabajo. Usa un tapaboca y guantes especiales, así como la capa que le coloca al cliente para resguardar la ropa.

Un corte, bien sea tradicional o lo que llama “el corte de platabanda”, lo último de la moda, lo hace Iván por dos mil pesos o diez mil bolívares. Esta es otra de sus estrategias, precios módicos, para una sana competencia. Su clientela son jóvenes, personas mayores y, los fines de semana, quienes van a Rubio desde las aldeas.

Y cuando se acerca cualquiera que no pueda pagar, generalmente un anciano, le arregla el cabello gratuitamente. También para ellos alcanzan las manos generosas y este corazón noble de quien confía que pronto para Venezuela vendrán tiempos mejores.

Se siente muy a gusto con su trabajo, y sus clientes también. De ello dio testimonio Homero Medina, quien cómodamente, sentado en el banquito, esperaba por el servicio.

Su tarea prosigue armonizada con el canto de los pájaros, el ruido de los carros y los pregones de los vendedores ambulantes. También, por un ánimo que no decae, porque considera que el Táchira y el país son tierra bendita para trabajar y progresar, siempre que sea de manera honrada. Así piensa Iván, el barbero de la plaza Urdaneta.