El “mechón” del resuelve en La Parada – Frontera Plus

El “mechón” del resuelve en La Parada

En un tarantín, armado en plena isla de la vía principal del corregimiento de La Parada, en Colombia, se avista, sobre un verde fosforescente, la frase: “Se compra cabello con volumen”.

El aviso se lee con facilidad y está en una zona que es frecuentada, a diario, por miles de venezolanos. Dos hombres y una mujer lo atienden y trabajan de la mano con los “jaladores”.

Le dicen “el mechón del resuelve”, pues dependiendo de lo largo y abundante del cabello, le pagan a la persona que se sienta a venderlo.

“Todas las mujeres que llegan son venezolanas”, dijo a Diario La Nación una de las encargadas de hacer el corte de cabello. “Lo hacemos con mucho cuidado para que la persona no se vea trasquilada”, prosiguió.

En varios puntos de La Parada están los “jaladores”. En su mayoría hombres que llaman la atención de los transeúntes con la frase de enganche: “Compramos cabello, compramos teléfonos”.

Desde 40 mil pesos cotizan la compra del “mechón”. “Hay mujeres que se han llevado hasta 200 mil pesos. Todo depende del cabello, volumen y largor”, reiteró la ciudadana mientras terminaba de hacer el trabajo con una joven.

El caso de la joven es similar al de la mayoría que deciden negociar un mechón. “Lo hago por mi hijo, de brazos. Se gasta mucho en pañales y leche; en muchas ocasiones me veo corta para adquirir los productos”, detalló, con la petición de que no le tomaran fotos ni la identificaran.

“La gente juzga mucho. Es mejor que nadie sepa”, dijo con el temor aflorado por el qué dirán, y pese a que el corte lo ejecutan al aire libre, frente a miles de ciudadanos que cruzan por la zona.

Más visibles

Hubo un tiempo en el que no estaban tan visibles. Ahora los puestos están ubicados a en plenas aceras e islas. Los avisos pululan, al igual que los “jaladores”.

Estos grupos de trabajadores informales son reacios a dar entrevistas. Dicen que les han creado mala fama sin justificación alguna. “Hay medios que han tergiversado lo que hacemos”, resaltaron.

A los puestos, llegan las mujeres a preguntar (muy pocos hombres con cabello largo consultan). Algunas dudan en vender parte de su cabello y se marchan con el monto ofrecido rondando en sus cabezas; otras, empujadas por una necesidad más urgente, y con niño en el regazo, no lo piensan mucho, cierran los ojos, se persignan y someten al corte.

Jonathan Maldonado