La casa de Graciela y su hijo está a punto de ser devorada por La Dantera – Frontera Plus

La casa de Graciela y su hijo está a punto de ser devorada por La Dantera

Graciela sueña con erigir otro «ranchito» en un terreno que compró en Llano de Jorge


Jonathan Maldonado


12 láminas de zinc, cinco pacas de cemento y un metro de arena es lo que requiere con urgencia Graciela Ortega y su hijo, un hombre en silla de ruedas, para poder abandonar el «ranchito» donde viven actualmente y cuya estructura, improvisada, está a punto de ser devorada por la quebrada La Dantera, en San Antonio del Táchira

Ortega vive a orilla de la quebrada. Ya el terreno ha ido cediendo por la crecida del afluente a causa de las más recientes precipitaciones. En las imágenes enviadas, se refleja el peligro latente en el que se hallan. En cualquier momento el «ranchito», como ella lo califica, cae a la quebrada.

«Aunque se hicieron trabajos de canalización de la quebrada, se perdieron con la crecida que registró La Dantera en estos días», dijo angustiada la progenitora mientras indicaba que su hijo, Gabriel, es especial y no puede valerse por sí mismo.

Mientras la ciudadana narraba la incertidumbre que la arropa, su hijo se encontraba en la silla de ruedas que le donaron y frente al televisor. «En estos momentos está dormido», dijo en referencia al joven.

Otra crecida de la quebrada ocasionaría que el terreno que mantiene estable su «ranchito», ceda, y la estructura iría a parar al afluente. «Mi llamado al gobernador y a la alcaldesa es para que, porfa, me ayuden con los materiales que necesito», dijo.

Graciela se dedica a reciclar plástico para venderlo en La Parada, en Colombia. También vende café. Los termos, al momento de hacer el vídeo, estaban sobre una cama, ya vacíos tras haber llegado de su faena laboral.

La mujer, ante todo, desea preservar la vida de Gabriel, pues el colapso del terreno y de la vivienda podrían cobrarse la existencia de ella y la de su hijo.

El llamado también lo extendió Ortega a los empresarios o comerciantes que tengan cómo aportarle parte de los materiales para construir su nueva casa en la zona sur de la jurisdicción fronteriza.

El «ranchito» de este grupo familiar está ubicado cerca de la batea, en Mi Pequeña Barinas, una comunidad que emergió con invasiones.