Luz Santos: guardiana de 100 gatos en San Antonio del Táchira – Frontera Plus

Luz Santos: guardiana de 100 gatos en San Antonio del Táchira

Por Jonathan Maldonado

 

Luz Santos es amante de los animales. Su abnegación y protección la demuestra a diario, cuando sale de su hogar para alimentar a más de 50 gatos en condición de calle. A otros 50, les brinda protección bajo el techo de su casa.

Cuando cae la tarde, Santos se alista. En una bolsa introduce los potes de la sopa que les prepara con crema de arroz e hígados de pollo. En otra bolsa, lleva la gatarina.

Su vivienda está ubicada en el barrio fronterizo de Curazao, en la ciudad de San Antonio del Táchira. De allí sale alrededor de las 6:20 p.m. La primera estación está a media cuadra de la plaza Bolívar, en el estacionamiento donde otrora funcionaba el banco Mercantil.

Las personas ya saben que Luz se encarga de alimentar estos animales.

En ese punto, alrededor de 20 gatos la esperan. Los maullidos y ronroneos se escuchan a la distancia. Saben que su guardiana está a punto de saciarles el hambre.

“No solo los alimento, también busco la manera de ir esterilizándolos con la ayuda del veterinario Rafael Orozco, quien siempre ha estado presto en ayudarme con mi causa”, aseguró.

Desde el más pequeño y hasta al más longevo, reconoce con su nombre. “Mira, él se llama Manchas, este es Tigre. Este otro es Pintas. Este es el macho alfa, pero no se ha dejado agarrar para curarle las heridas provocadas por peleas con otros gatos”, apuntó.

Una abuela, con sus dos nietos, se acercó a Santos para preguntarle si esa acción la realizaba todos los días. “Sí, lo hago a diario. Ellos son mi responsabilidad”, aclaró. A esto, respondió la abuela con un “guao, admirable”.

A quien desee darle un hogar a uno de estos felinos, Luz le otorga la posibilidad de adoptar. “Donde hay niños, trato de darles el más cariñoso. Aunque la mayoría son tiernos y muy dados con la gente”, aclaró.

A cada gato le pone su porción de alimento y, encima, le echa la sopa, algo espesa, igual a una crema. La mayoría devora la comida con gran entusiasmo. “A veces les doy pasta con sardina. ¡Les encanta!”, subrayó.

“Sigamos”, señaló la guardiana en dirección a la plaza Bolívar. En uno de los costados de los jardines de la Basílica Menor San Antonio de Padua, apareció otro nutrido grupo de gatos. La recibieron con algarabía, contentos por la comida que arribaba.

La guardiana de al menos 100 gatos sufre cuando llueve, pues sabe que el grupo de la calle aguanta frío. “Los que están en mi casa tienen más protección y resguardo que los demás”, acotó.

Santos les habla como si se tratara de sus hijos. Cuando ve que uno de ellos no quiere comer, lo consiente y busca la manera de que ingiera el alimento. El amor hacia ellos lo aflora con cada gesto de buena fe.

“En pandemia, la gente abandonó a muchos gatos. En la puerta de mi casa, siguen dejándome muchas crías”, lamentó quien no es capaz de despreciarlos pese a que en su residencia no hay espacio para más peluditos. Sin embargo, ella se la ingenia para que entren y aumenten el número de la manada.

“A la semana, al menos un gato es envenenado. Hay gente desalmada, que les hace daño”, soltó con un tono marcado por la tristeza e impotencia de no poder ir más allá.

La tercera y última estación está en el estacionamiento del banco de Venezuela. Ya es de noche y la escasa iluminación (los postes no sirven), dificulta la tarea de Luz. Igual la manada apareció y disfrutó del festín otorgado por su guardiana.

En ese momento, cerrando ya la faena del día, apareció “La Negra”, una perra mestiza que la mujer también protege. “Ella tiene un tumor y estamos buscando la manera para hacerle el tratamiento”, dijo.

La Negra movió la cola una vez la vio y en señal de alegría. Luz le dio de comer y, en cuestión de segundos, desapareció la porción. “Ellos son increíbles. El amor que dan es muy sincero”, resaltó.

Su gran sueño

En San Antonio son muchos los que conocen la buena acción de Luz y le colaboran con lo que pueden; no obstante, hacen falta más donaciones. “Al día, gasto cuatro kilos de gatarina, más la sopa”, remarcó.

“Sueño además con tener un espacio, preferiblemente una casa vieja, con un gran patio, donde pueda atenderlos y tenerlos a todos”, esbozó con el deseo y anhelo tatuados en su mirada.

Luz Santos hace alimentos para 100 gatos diariamente.

A Luz le gustaría que las autoridades locales y regionales apoyaran más estas causas, pues en Venezuela son muy pocas las instituciones que dan el espaldarazo para la protección de los animales.

“Falta mucha educación y conciencia. La gente no puede estar abandonando a los animales. Ellos son parte de la familia. Cada día son más los gatos dejados en la calle”, lamentó.

A la lista de sus 100 gatos, se suman Anita, Sassa y Max, una morrocoy, una perra de seis meses y un perro de siete años, respectivamente. A ellos también los atiende con el mismo esmero y corrobora que es una amante, protectora y guardiana de los animales en general.
“Bueno, concluimos, chico. Gracias por su compañía”, se despidió Luz Santos en dirección hacia su casa, donde la esperan otros 50 gatos.

Quien desee brindarle ayuda, puede contactarla mediante el siguiente número: 0426 9304902.