María Alejandra Briceño la docente venezolana que migró a Colombia con un propósito – Frontera Plus

María Alejandra Briceño la docente venezolana que migró a Colombia con un propósito

Por Rosalinda Hernández
Diseño imagen: Paloma La Cruz

 

María Alejandra Briceño es una docente venezolana que migró a la frontera colombiana hace cuatro años y se trajo consigo una experiencia de más de dos décadas de trabajo en comunidades.

Con los conocimientos adquiridos empezó a intervenir junto a organizaciones, entre ellas Actitud Resiliente, zonas habitadas por migrantes venezolanos en condición vulnerable en Cúcuta, Villa del Rosario, Los Patios y Tibú.

El trabajo que realiza María Alejandra no solo está enfocado en apoyar a los venezolanos que recién llegan a Colombia en el periodo de adaptación, también ayuda a los niños y adolescentes en las diferentes etapas de nivelación escolar.

“Intervenimos al joven y a su familia también. No hacemos nada brindando a los muchachos y a los niños herramientas para que expresen lo que llevan por dentro si no lo hacemos con los padres”.

El venezolano migrante llega muy golpeado a Colombia; solo cruzar la frontera es una herida abierta que queda y es muy difícil aprender a sanarla o cerrarla, afirmó.

“Apostamos a una migración positiva y creemos que, al brindar herramientas, ellos (migrantes) pueden aprender y poner a disposición del territorio que los recibe los conocimientos y que estos sean provechosos. No se trata de acostumbrarnos a que nos den, es un error que se trae de Venezuela y no sé si somos solo nosotros”.

Plan de acción

Desde hace 10 meses el trabajo se ha concentrado en el colegio Nuestra Señora de los Ángeles, ubicado en el barrio Cuberos Niño, en Cúcuta. De la mano de comunidades de religiosas se viene trabajando en la enseñanza-aprendizaje de los niños y adolescentes migrantes y colombianos retornados.

El plan de acción inicia cada lunes en el centro de nivelación de saberes donde se atienden a los niños que requieren refuerzo pedagógico.

“Tenemos adolescentes migrantes con 16 años que están en cuarto grado y de 15 años que están en primer grado, el trabajo con ellos se llama extra escolaridad”, explica la educadora venezolana.

El sistema educativo tradicional colombiano rechaza a estos jóvenes y los padres a veces no entienden la razón de ser de la nivelación. El programa ayuda a los jóvenes a equipararse en un nivel educativo acorde a su edad, siempre y cuando asistan a las clases con regularidad. Luego el colegio con autorización del Ministerio de Educación, aplica una prueba y de acuerdo a los resultados que arroje el niño o adolescente va al nivel que le corresponde o al más cercano posible.

“Para un muchacho de 15 años estar en cuarto grado es un choque emocional fuerte. A ellos les da pena y por eso hay que sacarlos de ese espacio y ponerlos donde corresponde”.

La intervención familia

El objetivo no se queda solo en la intervención a niños y adolescentes, se extiende hasta su núcleo familiar para conseguir una mayor efectividad del programa educativo.

“Hay padres reacios a que sus hijos aprendan, a que acudan a estudiar. Los reprimen porque deben aportar a la economía familiar. Ellos dicen: yo no puedo venir maestro porque tengo que trabajar, mi papá me dijo que tengo que apoyar con dinero en la casa porque tenemos que enviarlo a Venezuela”, comentó con precaución María Alejandra.

Conoce el caso de una madre venezolana con cuatro niños, el mayor tiene doce años, ninguno estudia porque deben apoyar a la mamá con los gastos del hogar.

“Ella se niega rotundamente a que sus hijos estudien porque dice que tienen que producir dinero con ella en el semáforo”.

Han visitado el hogar de estos niños, las religiosas del colegio Los Ángeles han hablado con la mamá para hacerla entrar en razón y aunque promete llevar los niños a la escuela, pasan los días y hasta ahora no lo hace, reprochó la docente.

La situación se complica al estar viviendo en una comunidad de alto riesgo, en donde han ocurrido diferentes crímenes desde hace mucho tiempo atrás. Los niños están siendo espectadores de actos de violencia, además “es una olla muy popular”, entendiéndose como “olla” al lugar donde venden drogas.

Escucha y apoyo

Crear espacios de escucha familiar y brindar oportunidades a los hogares más vulnerables es otro de los objetivos que trabaja la organización Actitud Resiliente. Además del centro de nivelación de saberes, se conformó un grupo juvenil donde se crean patrullas para realizar trabajos comunitarios, también existen los espacios de reflexión.

“Las familias nos han permitido entrar a sus casas y conocer la realidad que viven. Hace poco conocimos el caso de una niña de 13 años que fue violada y estamos activando la ruta de atención para ella y el acompañamiento debido al choque que representa tal acción tanto para ella como para su mamá”, relató María Alejandra Briceño.

En otro caso se conoció la historia de una madre que negocia a la hija: “la vende sexualmente a cambio de un mercado semanal. Estamos hablando de un nivel de aberración que es difícil de entender, algo anormal”.

Por eso ofrecer herramientas y soluciones que aporten sentido a la vida de estos migrantes vulnerados es el objetivo que se propone la educadora venezolana junto a las personas y organizaciones que la acompañan.

Se ha logrado capacitar en textilería y calzado a madres y padres migrantes. Actualmente, están en busca de la maquinaria para la futura instalación de un centro textil y de calzado que integre comunidades migrantes, retornados y receptores.

Hasta el momento la organización Acción Resiliente, a la que pertenece María Alejandra ha logrado acoger a un total de 200 personas entre niños y adultos en sus programas, este logró se refleja en el rostro de la educadora venezolana con gran satisfacción.

“La idea no es solo dar, es enseñar, ofrecer herramientas que permita al migrante trabajar y sacar la cara bonita del país (Venezuela). Nuestra meta es replicar el programa en todas las ciudades del territorio que sea posible y sumar organizaciones que se quieran unir o enseñar”.

Aunque a María Alejandra le brillan los ojos al comentar todo el trabajo que está haciendo y las metas que desean lograr a mediano plazo, ella no pudo ocultar la tristeza y llanto. Luego de una conmovida espera, dijo: “extraño muchísimo a Venezuela, pero aquí estoy haciendo un trabajo bonito y debo estar donde puedo ayudar”.

 


*Este trabajo de Diario La Nación forma parte de la Red de Periodistas Constructoras de Paz