Pérdidas económicas y angustia por cortes de luz en Rubio – Frontera Plus

Pérdidas económicas y angustia por cortes de luz en Rubio

Norma Pérez

 

Más allá de impedir los quehaceres de rutina, los prolongados cortes de energía eléctrica se convierten en generadores de angustia en comercios y hogares del municipio Junín, por las consecuencias que esta situación conlleva.

Además de las cuantiosas pérdidas económicas para quienes dependen de este servicio para trabajar, en los hogares, donde hay personas que por su condición necesitan atención y alimentación especial, se hace imposible cubrir estos requerimientos, poniéndose en riesgo la salud y hasta vida.

Aun cuando existe un plan de racionamiento de carga implementado por Corpoelec, en muchos sectores de Rubio no se cumple y hay días en que los habitantes deben soportar hasta dieciséis horas continuas sin luz.

 Trabajo paralizado

De sus cuarenta años de edad, Fabio Calderón ha ocupado veinte en trabajar como técnico en electrónica. Pero ahora su negocio, donde se dedica a reparar televisores, se encuentra prácticamente paralizado, por lo que con tristeza contempla la decisión de cerrar e irse del país, pues depende totalmente de que haya luz para poder desempeñar sus funciones.

“Cada vez es peor la situación por la falla en el servicio de energía eléctrica y eso me afecta directamente. Día a día, pierdo clientes por no poder comprometerme a cumplir con entregas en un tiempo determinado”.

En su caso, no puede utilizar una planta eléctrica porque hay televisores que requieren mucho consumo, así como herramientas que necesitan 300 vatios para funcionar y esto no lo cubre una planta.

Su molestia radica, además, en el incumplimiento del cronograma de racionamiento, por cuanto, aparte ser muchas más horas sin el servicio, tampoco se respetan los sectores, sino que suspenden la energía en todas partes.

“Ni siquiera de madrugada puedo venir a trabajar, porque tampoco hay luz. Si llego a las seis, a las nueve ya la cortan. Entonces, así no se puede hacer nada. Se deteriora mi sustento y el de mi familia, ya que los ingresos se reducen. Pienso cerrar e irme de aquí, porque no puedo trabajar”.

“Ni tres horas al día”

Caso similar es el de Alejandro Cortés, un joven emprendedor que desde hace varios años montó su negocio de servicio técnico de computadores y ahora se ve gravemente afectado.

“No puedo laborar ni tres horas al día, pues todas las funciones que realizo requieren luz e internet. En la semana, si he trabajado cinco horas es mucho y así no puedo mantener el local. Aunque el alquiler es estable, los ingresos son insuficientes. No puedo captar clientes si no hay luz y esta falla también en las horas laborables”.

El desánimo asoma cuando explica que no puede adquirir una planta eléctrica, ya que debido a su alto costo no la puede comprar. A esto se agrega que de su negocio sale el dinero para cubrir los gastos de su hogar, el estudio de sus pequeños hijos, y demás requerimientos familiares.

“En estos momentos tan difíciles ya revisamos otras opciones. Porque, aunque quiero permanecer aquí, no tener que irme del país, lamentándolo mucho, la situación obliga a buscar nuevos horizontes”.

Clamor general

 

Un aspecto de vital importancia es el referido a las personas con enfermedades crónicas, que ameritan una atención acorde a su patología.

Esta situación la afronta Liliana Santos, madre de una joven que padece el síndrome Corea de Huntington, enfermedad neurológica de carácter degenerativo, que le impide masticar los alimentos, por lo que debe consumir todo procesado, como papilla, crema o zumo; por lo tanto, si no hay luz, no hay manera de utilizar los implementos para su elaboración. Aquí surge la impotencia de ver a un ser querido padecer por la falla en un servicio público.

“Es un clamor general del municipio Junín y de todo el estado Táchira, que es fuertemente castigado, más para quienes tenemos enfermos en casa. Aquí está mi mamá enferma y mi hija, que tiene un problema neurológico, necesita un régimen especial de alimentación y sin electricidad no puede comer, porque está incapacitada para deglutir y no puede haber grumos en su comida porque se ahoga”.

Actualmente, esta profesora jubilada es la contralora del Consejo Comunal de la urbanización La Colonia, y comenta que a su casa llegan muchos vecinos con quejas de daños de electrodomésticos por los cortes de energía eléctrica, imposibles de reponer.

“Estamos en una situación crítica, de emergencia, que atenta contra nuestra economía y la salud. Los alimentos que necesitan refrigeración se echan a perder y nadie responde. Se violan los derechos humanos, no se respeta ningún cronograma. Nos faltan el respeto y se burlan de nosotros. El Táchira es el estado de los apagones”, dice.

A esta circunstancia se une la imposibilidad de efectuar transacciones bancarias o realizar un trabajo que amerite conexión a internet. “Estamos en estado de involución y en un atraso que detiene todo vestigio de progreso. Así como sufren los enfermos en nuestras casas, están los pacientes de hospitales”.

Hizo un llamado de atención a los directivos de Corpoelec y a quienes dirigen el país, porque lo que se necesita es calidad de vida y esa es responsabilidad del Gobierno regional y nacional.

Otro aspecto que destacó que es que ahora los servicios se cobran en pesos. “Como profesora jubilada, mi sueldo es en bolívares y no me alcanza para pagar una bombona de gas en pesos, que es la modalidad más reciente. Debe ser un negocio muy lucrativo, pues si no se compra de esta manera, nos dicen que no tendremos el gas. Y sin electricidad, el panorama se complica. De allí, tanta gente deprimida y angustiada por no conseguir una salida”.

Como Fabio Calderón, Alejandro Cortés y Liliana Santos, ciudadanos comunes sin ninguna prerrogativa, son miles los tachirenses que cada amanecer deben enfrentarse a la incertidumbre de no saber qué les depara el presente, porque con tantas limitaciones solo se sobrevive un día a la vez.