Retornar o irse de casa – Frontera Plus

Retornar o irse de casa

Realidades opuestas: irse del país o regresar.


El grupo más amplio se ubica en una circulación pendular: van a Colombia en la mañana y retornan en horas de la tarde o noche
Jonathan Maldonado
El puente internacional Simón Bolívar, desde la reactivación del tránsito peatonal el pasado 25 de octubre, es testigo de dos realidades que contrastan: los que retornan a Venezuela, tras haber migrado, y los que dejan el país en medio de la incertidumbre.
Esas dos caras son visibles desde la avenida Venezuela, en San Antonio del Táchira, se afianzan en el tramo binacional y se reiteran en el corregimiento de La Parada, ya del lado colombiano.
Los que se van, llevan pocas maletas; tratan de cargar consigo lo más esencial. Se despiden de una nación «carente de oportunidades y que trunca nuestros sueños y los de nuestros hijos», aseveró Diego Roa, de 39 años, quien se disponía este viernes a probar el éxodo, junto a su pareja e hija de cuatro años.
El pequeño grupo familiar no quiso fotos, solo aceptó contar parte de lo que lo empuja a dejar sus raíces para echar otras nuevas en tierras foráneas. «Somos de Valencia, estado Carabobo. Allá, como en el resto del país, la situación no da para mucho y uno quiere un porvenir más amplio», dijo el caballero.
Los tres no van lejos. Su destino es Bogotá, ciudad capital de la hermana república. «Mi hermano tiene cuatro años radicado en esa ciudad, es a donde vamos a llegar, mientras vamos consiguiendo nuestra propia estabilidad», aportó Zaydi López, esposa de Diego.
La pareja conversó con el equipo reporteril de La Nación, desde el puente y hasta la entrada a la sede de Migración Colombia. «Me había negado a migrar, pero ya es hora de salir y ver otros horizontes», manifestó el joven, aún acongojado por dejar su hogar, Venezuela.
Diego es profesor, mientras Zaydi se ha dedicado a la repostería. «Estudié lo mismo que mi esposo, pero nunca lo ejercí. En la universidad fue donde nos conocimos», confesó con una sonrisa que revela la estrechez de una relación que tiene como norte un mejor futuro para su niña.
La migración, en la actualidad, no registra los números de antaño, pero continúa dándose sobre un puente que ha sido testigo de muchos episodios en torno a este punto que devela la fragilidad de una nación.
«Regreso a Maracay»
Norma solo dio su nombre. No quiso compartir su apellido, pero se mostró abierta a contar su historia. «Mientras no haya cámaras, hablo», advirtió con una sonrisa que enseñaba cierto nerviosismo.
Otro dato que dio sin reserva fue su edad. «Tengo 48 años», añadió mientras le daba las indicaciones al ‘carruchero’ de cuál costal debía montar primero y cuál de último, junto a otras maletas.
«Regreso a Maracay, a mi casa. En Ecuador no me fue mal, pero tampoco como yo quería», aseguró quien salió del país en 2019, una época de gran movimiento en la frontera y, sobre todo, en el puente.
«Por este mismo lado salí y por este mismo lado regreso», indicó quien tuvo la oportunidad de trabajar en varios restaurantes durante su estadía en la nación referida. «Son sentimientos encontrados. Por un lado, me alegra saber que en pocas horas volveré a abrazar a mi familia, pero también siento miedo porque no sé a qué me voy a enfrentar», añadió.
Norma cree que su retorno al país es definitivo. «No me gustaría experimentar otra migración. Quizá con 20 años menos sí lo haría, pero a estas alturas no quiero, no me provoca ya», arguyó.
La dama siguió su camino, preguntó qué tan difícil era pasar por la aduana y si revisaban mucho. «Llevo varias cositas que compré para los míos. Ojalá y no me pongan problemas», puntualizó en tono de despedida.
En ese mismo paso formal hay otro grupo, el más amplio quizá, el que realiza un tránsito pendular: va a Colombia, en horas de la mañana, cumple con sus diligencias, y regresa en la tarde o noche.