“Si no hay victorias tempranas en frontera, el costo político será mayor para Petro” – Frontera Plus

“Si no hay victorias tempranas en frontera, el costo político será mayor para Petro”

El licenciado en Estudios Internacionales por la UCV Jorge Ignacio Barragán sostiene que se cayó el mito de que lo que pasa en Venezuela es culpa de los países vecinos. Una eventual apertura plena es saludable, porque generará camisas institucionales para que jamás vuelva a repetirse un cierre


Daniel Pabón


En otro tiempo, existió el Grupo Uribante. Lo integraban jóvenes originarios del Táchira que se mudaron a Caracas a estudiar. Se reunían en las tardes, a manera de tertulias en la llamada Casa Táchira. Cada uno con sus inquietudes profesionales, lograron graduarse de médicos, abogados, ingenieros o veterinarios. Entre los miembros de esa organización social de tachirenses en Caracas se contaba el joven Ramón J. Velásquez.

En este tiempo, nuevas generaciones de jóvenes tachirenses, quizás menos en cuantía a razón de la crisis económica, siguen abriéndose camino en la estratégica capital del país. Jorge Ignacio Barragán ya no es el secretario de propaganda de la Federación de Centros Universitarios (FCU) de la Universidad Central de Venezuela (UCV) que le ponía el acento gocho a la anterior gestión de la representación estudiantil. La UCV lo tituló licenciado en Estudios Internacionales y ahora, desde esa investidura profesional, analiza desde Caracas junto a Diario La Nación la renaciente relación colombo venezolana, con el valor añadido del conocimiento de terreno.

Nacido y formado en San Cristóbal, Barragán evoca al expresidente Velásquez en sus tiempos de alto comisionado para asuntos fronterizos como una manera de significar lo que entiende como una necesidad: Que se descentralice la política de fronteras y la política exterior de fronteras venezolanas con respecto a Colombia, que es la voz de los tachirenses, de su sociedad, de sus empresarios, quienes han terminado siendo los más afectados por siete años de cierre.

Desde su óptica de internacionalista, Barragán pone sobre la mesa tres hitos de la actualidad que pondera como importantísimos: Uno, el cambio político que desde agosto pasado vive Colombia; dos, el cambio político que experimentará Brasil a partir de enero; y tres, las recientes elecciones de medio término en los Estados Unidos. Los tres en su conjunto irán cambiando la posición de Nicolás Maduro en el escenario internacional, en un tablero que se completa con la crisis energética mundial derivada de la guerra en Ucrania.

—¿Quién gana y quién pierde con esta reapertura comercial de la frontera?

—Políticamente hablando, el ganador es Nicolás Maduro, que obtiene un reconocimiento político que antes no tenía, ya que la estrategia por parte del interinato y el grupo de la oposición tradicional ha sido básicamente de aislamiento a Maduro para generar un cambio político. El hecho de que haya un cambio electoral y político en Colombia, y que exista un reconocimiento del primer vecino y principal socio histórico de Venezuela, cambia la política: Maduro se ve ahora como un hombre fuerte, con esta victoria política en el sistema internacional. Pero más allá de esto, la gran beneficiada es la gente, y en especial el Táchira que ha sido tan afectado por el cierre fronterizo y la constante confrontación entre Colombia y Venezuela.

En general, el gran perdedor de todo este escenario es Juan Guaidó y la oposición, que le ha vendido al país que el hecho de aislar a Maduro iba a provocar un cambio político que no ocurrió. El interinato ya perdió fuerza y legitimidad ante la gente y el tema internacional, que era su única fortaleza, lo ha ido perdiendo. Los países cambian, la política no es monolítica, los cambios electorales en la región lo han llevado a perder todo reconocimiento internacional.

—Hubo detractores de la reapertura comercial del pasado 26 de septiembre, algunos la calificaron como una fachada; pero, desde el punto de vista de las relaciones internacionales, ¿cómo valoró ese paso?

—En términos de política internacional es un hito importantísimo. Luego de eso, la reunión Petro-Maduro es un paso que no había dado ningún presidente de izquierda que anteriormente había ganado elecciones en el continente. Ese paso no lo dio Alberto Fernández, ni Gabriel Boric, ni Pedro Castillo. Lo hace Gustavo Petro, que se encamina a asumir un liderazgo político en la región apoyado por Estados Unidos. El hecho de que él se haya convertido en interlocutor, haya recibido el placet del Departamento de Estado para mantener relaciones con Venezuela y tratar de reintegrarla a la Comunidad Andina, el mercado común del cual nunca debimos habernos salido, y también regresar al Sistema Interamericano de Derechos Humanos, es la búsqueda de que la relación tenga ciertas victorias políticas.

—¿Qué significa que sea Petro quien visitó a Maduro y no al revés?

—Una muestra más de poder de Nicolás Maduro, pero realmente, lo que se ve es que tampoco Petro hubiese podido garantizar la seguridad de Maduro en Bogotá, por los casi dos millones de venezolanos en Colombia y el rechazo altísimo que tiene entre los migrantes. De hecho, nos dimos cuenta en el puente Simón Bolívar cómo el primer paso fue que Petro viajara a la frontera y no así Maduro, sino el ministro de Transporte venezolano. Y luego, cuando viajó el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, no lo hizo ni el presidente del Congreso ni del Senado colombiano, sino la presidenta de la comisión de Política exterior. Todo esto nos demuestra que las relaciones fueron lentas, pero después vimos rapidez en Petro buscando unificación con respecto a la postura en la COP27.

—Gustavo Petro afirmó en su comparecencia en Miraflores que la frontera colombo venezolana está dominada por las mafias. Él está por cumplir sus primeros 100 días, su luna de miel, pero se lo dice en la cara a quien encarna una clase gobernante de dos décadas ¿Cómo interpretamos esto?

—En cualquier país, con cualquier cancillería eficiente, ya hubiese llegado una nota de protesta frente a una declaración de ese calado con respecto a un hecho. Son corresponsables, y él está haciendo corresponsables a los oficiales que mantienen la seguridad de la frontera; en este caso, está poniendo unos culpables con respecto a un hecho ilegal que sucede y que la gente en la frontera lo conoce. La gente del Táchira sabe más que nadie cómo se mueve el tráfico de mercancías; de hecho, se habla de que el comercio informal entre ambos países llegó a estar en alrededor de mil millones de dólares con la frontera cerrada. Mucho dinero. Muchos intereses de por medio que, evidentemente, no se rompen de facto si no hay, primero, la voluntad política para hacerlo; y, segundo, las políticas eficientes para generar un cambio de esquema de comercio. Esas posiciones de Petro tienen que llamar la atención. Hay que tomar decisiones, ponerse manos a la obra, porque si no, te va a generar unos costos políticos de parte de un aliado que te puede decir las cosas, habiéndose caído ya el mito de que lo que pasa en Venezuela es culpa de los países vecinos.

—Uno de esos problemas son las trochas, y Petro ha sido frontal con la orden de que se cierren ¿Esto se queda en una declaración de buenas intenciones, o cómo el Estado venezolano puede avanzar en este sentido?

—Generando los incentivos para que haya comercio formal; para que eso que pasas por la trocha se vuelva más rentable pasándolo por la formalidad del comercio, porque te va a generar más capacidades. Así eliminas de fondo la trocha, pero también necesitas eliminarla de forma, con orden y seguridad. Hay personas que se preguntan cuánto está ganando un soldado de esas 14 alcabalas que hay de San Cristóbal a la frontera, y evidentemente tienes que atacar la corrupción que se genera por parte de sus funcionarios que están en frontera. Esa tiene que ser una política eficiente, vamos a ver si ahora sí va a existir la voluntad real, entendiendo de que tu aliado de la región, el que te está reinsertando en la comunidad internacional, te está exigiendo un cambio y una eficiencia.

—Para lograr estos cometidos también es importante el ejercicio de la diplomacia, y que los embajadores actúen como tales. Han sido criticadas las actuaciones que nos va mostrando el embajador Armando Benedetti. ¿Cómo observa sus declaraciones sobre nuestra política doméstica?

—Rompe con toda la idea de lo que es el cuerpo diplomático y la buena función del servicio exterior, porque al final Benedetti no es un diplomático y lo ha dicho muy claramente en sus entrevistas; él es un actor político y un interlocutor de la política exterior de Gustavo Petro con respecto a Venezuela. Petro decidió tener a un político como embajador en Venezuela para cumplir una serie de objetivos e intereses. Esa es la verdad.

—¿Y eso beneficia o afecta?

—Será interesante saber si sus actuaciones van a dar resultados con respecto al país. Él, por su lado, representa al sector empresarial de la costa colombiana que desea exportar hacia Venezuela, y ese es su objetivo político. Va en búsqueda de los intereses de Colombia. El problema es que nosotros no tenemos una buena política exterior que se centre en los intereses de los venezolanos.

—Pero nuestro embajador en Bogotá, Félix Plasencia, a diferencia de Benedetti sí es considerado un diplomático…

—Es un diplomático de carrera, pero ya ha pasado un tiempo considerable desde la reapertura comercial de la frontera y todavía sigue detenido el tema de los consulados. Esto es algo muy importante: Nunca Venezuela había tenido tantos venezolanos en Colombia. Para volver a darles el derecho de identidad a los migrantes venezolanos y prestarles servicios consulares y representar a los venezolanos en Colombia, tiene que haber unas reformas y una inversión grande por parte del Estado. No hemos visto ningún tipo de declaración con respecto a esos temas. Y el otro interés que debería brindar la reapertura es que el empresariado venezolano tenga las condiciones y los incentivos para que se abra un mercado en Colombia. Eso va a generar movilidad comercial, y esa movilidad comercial va a generar beneficios a la población. Pero todavía no hemos visto que se den esos pasos necesarios para que la política exterior de Venezuela sea centrada en los intereses de los venezolanos.

—Uno podría inferir que Plasencia espera instrucciones en función de lo que surja de la mesa de negociación que deberá reinstalarse pronto, sobre todo con lo que implica restituir el derecho a la identidad, que es que aumente el Registro Electoral en el exterior…

—Al final está el tema político-electoral por encima de los intereses de los venezolanos. Si no existe una presión real por parte de la sociedad civil y muchos actores de que estos son los temas importantes de hablar, las cosas se van a mantener de la misma forma.

—La diplomacia va a un ritmo, pero la gente de la frontera exige soluciones más rápidas a sus problemas. Se promete ahora que con el 2023 llegará también una frontera abierta a vehículos particulares y transporte público. ¿Qué hace falta, desde el punto de vista de relaciones bilaterales, para que realmente volvamos a tener esa estampa de frontera plenamente abierta para todos?

—Primero, tiene que haber voluntad política de parte de los dos países, y pareciera que la hay. Al final los períodos diplomáticos, como comentas, son más lentos que los tiempos de la gente. Por eso, si no hay victorias tempranas, el costo político para Gustavo Petro es mayor que para Nicolás Maduro. Ha sido así constantemente. Que exista movilidad es lo normal en cualquier frontera del mundo, y más en una frontera tan viva como la del Táchira con Norte de Santander. Esto puede traer muchos beneficios para la sociedad y termina generando camisas institucionales para que jamás vuelva a pasar un cierre como el que ocurrió.