Sigue vigente el dinamismo por las trochas – Frontera Plus

Sigue vigente el dinamismo por las trochas

Los llamados «trocheros» utilizan estas rutas para trasladar los productos


Las trochas, o caminos verdes, como también se les conoce, han experimentado varios cambios a lo largo de las décadas, que han estado sujetos a los virajes registrados sobre los puentes formales: Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander.
Antes del  año 2015, muy pocos usaban las sinuosas rutas. En ese entonces, eran conocidas, famosas, pero para el mero paso de mercancía que transportaban los eternos «maleteros»,  hoy conocidos como «trocheros» o «lomotaxistas».
Con el cierre de los puentes, a partir del año 2015, esos caminos fueron popularizándose aún más y se convirtieron, a medida que las circunstancias lo ameritaban, en los puentes no oficiales de los cientos de transeúntes que requerían cruzar a territorio neogranadino.
Así ha quedado evidenciado en varios períodos. Ocurrió tras el cierre de los puentes por los sucesos del 23 de febrero del 2019. Antes de esa fecha, otros episodios, que han marcado el devenir de la frontera, también lo ratificaron.
Con el cierre de los puentes el pasado 14 de marzo de 2020, a causa de la pandemia, las trochas volvieron a retomar su protagonismo con el tiempo. La gente volvió a darle el sello de puentes no oficiales con el propósito de ir y venir de Colombia.
De esta forma, se mantuvo por casi dos años. El 25 de octubre de 2021, con el restablecimiento del paso peatonal — en un primer momento por el puente de San Antonio–, y que luego se extendió al de Ureña, los caminos verdes perdieron algo de su dinamismo.
No obstante, la actividad continúa a lo largo y ancho de estas vías para el paso de mercancía. Un ejemplo son los envases para comida que transportan desde San Antonio y hasta La Parada.
El barrio Lagunitas, sector que conecta con los caminos verdes, es fiel testigo del paso de «trocheros» a toda hora. En los horarios nocturnos suele incrementar el tránsito.
El traslado de alimentos y demás  productos de consumo humano, desde Colombia y hasta Venezuela, también es habitual por las trochas. Las más frecuentadas son La Pampa y La Platanera.
Estos caminos, como todo en la frontera, han vivido cambios que, al final, apuntan a un mismo objetivo: cruzar esa línea imaginaria que divide a ambos países y que tiene como vigilante perenne el río Táchira, afluente que, cuando pierde su calma, como consecuencia de las lluvias, trastoca el transitar de muchos.
Jonathan Maldonado