Trochas: de gandolas con mercancía al menudeo – Frontera Plus

Trochas: de gandolas con mercancía al menudeo

Desde Llano de Jorge, en el municipio Bolívar, y hasta La Mulata, en la jurisdicción de Pedro María Ureña, hay aproximadamente 35 trochas

Jonathan Maldonado

A. López llegó hace cinco años a San Antonio del Táchira, proveniente del centro del país. En frontera, y con apenas 17 años, se inició en el mundo de las “trochas”. Por esos sinuosos caminos, pasó su primera mercancía, obtuvo sus primeras ganancias y se enraizó en el nicho de lo informal… En la actualidad, con 23 años, ya suma su primer lustro transitando por las rutas irregulares.


López se ha ganado la confianza de sus clientes. Tanto es así, que en sus contactos de Whatsapp ya congrega a más de 400 personas que le escriben o llaman para pasar mercancía por los caminos verdes. Su humanidad se pierde entre los cientos que se dedican a lo mismo. Las trochas forman parte de su vida y de su sustento.

—Llevo cinco años trabajando por las trochas de Colombia y Venezuela. Por estos pasos, después de la reapertura del puente para los camiones, ya no se ven estos vehículos por las trochas. Ahora toca puro maleteado, con carretas, bicicletas, o sea, mercancía al menudeo—soltó el joven mientras aclaraba que las rutas mantienen su actividad.

El joven refuerza su postura con la siguiente frase: “las trochas siguen funcionando, pero sin camiones; ahora es pura carreta, bicicletas y los famosos maleteros, trocheros y lomotaxistas”. Ese paso al menudeo le da la posibilidad de realizar al día hasta 20 viajes entre La Parada y San Antonio del Táchira.

Las trochas más usadas: “La Platanera”, “Las Pampas” y “La Siete” se las conoce como si se tratara de un mapa que quedó tallado en su mente. No requiere brújula para salir de algún escondrijo.

—Hay días en los que hago entre 15 a 20 viajes, y hay otros en los que se pasa solo cinco o seis veces porque está bajo el movimiento —reiteró con la certeza de que por los caminos verdes persistirá el dinamismo.

Sus años de experiencia en la informalidad, le permiten hablar con propiedad, pues ha visto y palpado muchos escenarios. “Lo que no se puede pasar por el puente, porque molestan mucho, la gente busca la comodidad de pasarlo por los caminos verdes”, aseguró para luego rematar: “lo que más se pasa por las trochas son refrescos, harina, jabón y productos de uso personal”.

Las trochas siguen vigente, sin el paso de camiones pero sí de gente

Los clientes que atiende a diario, puntualizó el veinteañero, son de San Antonio, de San Cristóbal, del centro del país y de la misma zona de La Parada, este último sector ubicado del lado colombiano. “Paso lo que me digan. Si hay para pasar 10 bultos con alimentos para pollos, lo pasamos; hay para pasar 200 bandejas de refresco, vamos a pasarlo. Lo que salga y otorgue mi Dios lo hacemos”, dijo.

Balaceras

Aunque en la actualidad no son tan frecuentes las balaceras, hace tres años López quedó en el medio de varias, pues eran más reiterados los enfrentamientos entre grupos irregulares (Ejército de Liberación Nacional — ELN – y el Tren de Aragua) que se disputan la zona. “Uno iba pasando, se prendían esos tiroteos, uno se tiraba al suelo, y nos tocaba dejar tirado el saco ahí”, rememoró.

De esos riesgosos escenarios, precisó que nunca se le perdió un costal o bulto con mercancía. “La cuestión es entre bandas (grupos irregulares) y no se meten con el trabajador informal”. Sin embargo, una bala perdida puede trastocar todo el escenario y acabar con la vida de inocentes.

–Para uno poder salvarse, le toca tirarse al suelo, esconderse mientras pasa el tiroteo. Hay que esperar que pase el alboroto para seguir trabajando. A veces cierran las trochas por la visita del alguna comisión u otra razón, y toca esperar dos o tres horas para que vuelvan a abrir–, subrayó quien advirtió que, al presentarse fuertes crecidas del río Táchira, también bloquean los pasos, pues no se puede arriesgar la vida de la gente. – Tampoco la vida de uno–, dijo.

El miedo no ha sido un sentimiento ajeno en estos episodios, pues, “imagínese, uno queda atrapado, en pleno trabajo, y una bala perdida que le toque a uno, Dios no quiera, sería lamentable — y hasta mortal–. Me ha tocado pasar a las dos – tres de la mañana por esas trochas y ando lo que es rapidito (risas). Con mi Dios siempre por delante”.

Cuatro horas inactivas

Desde las 12:00 a.m. y hasta las 4:00 a.m., las trochas descansan y están bajo custodia del Ejército, de acuerdo con lo descrito por el joven “trochero”, quien suele empezar su fatigosa jornada, sin importar el día, a las 5:00 a.m.,  y concluye a las 10:00 p.m. A esa hora, ya se está recogiendo.

En esas rutas, hay un solo peaje. “Se paga dependiendo de la mercancía que uno vaya a pasar”, prosiguió López, al tiempo que puso como ejemplo una de sus vivencias: “por un bulto de harina de 50 kilos lo cobran a 5 mil pesos y muchas otras cosas que tienen precio. Uno ahí trata de regatear para que le dejen más barato el paso de la mercancía”.

Son tantos los clientes que el joven trochero ha acumulado en un lustro, que en muchas ocasiones le toca ser, literalmente, una máquina. “Me toca andar allá y para acá, por la cantidad de clientes que me escriben”. Hay momentos donde las solicitudes para pasar son tan seguidas que le toca conversar con algunos “patrones”, como los califica, para decirles que se halla algo colapsado de trabajo.

“Les digo: `patrón, voy a guardar esta mercancía, pues no la pude pasar hoy, ando ocupado con otros clientes y ellos entienden, ya que uno se ha ganado la confianza y el respeto”, aseveró con el sol abrasador de la frontera de testigo de cada relato que permite, en cierto modo, viajar al corazón de los pasos informales.

De gandolas con mercancía al menudeo

Uno de los clientes de López es un empresario de San Cristóbal, quien hasta antes del 26 de septiembre pasaba gandolas por la trocha La Ponderosa. “Manejaba entre tres a cuatro vehículos de carga al día”,  especificó sobre el importador que ahora pasa productos al menudeo.

“Le suelo pasar la mercancía hasta San Antonio del Táchira y, de ahí, él se encarga de buscar el carro que lo va a trasladar hasta la ciudad de San Cristóbal, desde donde suele distribuir a varios negocios”, señaló para luego añadir que el empresario se desplaza desde la ciudad capital del estado Táchira, y hasta la frontera, para estar al tanto de cada operación informal.

“Le toca luchar para pasarla por los puntos de control. No era como antes que por ir en camiones ya iba pagado, todo listo”,  dice, el “trochero” que forma parte de los más de mil ciudadanos que hacen vida comercial en los camiones verdes. “La Platanera, Las Pampas y La Siete son por donde más se mueve mercancía”, remató a modo de colofón.